sábado, 27 de diciembre de 2014

Desterrazados



La terraza se halla definitivamente clausurada. Los decrépitos aires de diciembre son ahora su último visitante, lejos queda el tiempo en el que su delicada extensión nos ofrecía sin pudor el aromático jardín musulmán junto al fresco retal de la campiña inglesa. El sol y la lectura también han abandonado sus dominios, y una vez exiliada la calurosa desnudez veraniega son ahora las glicinas las únicas que muestran sus hombros tostados a unos vecinos apenas enardecidos. Incluso el mirlo, que imperdonablemente acudía a excavar las tiernas profundidades del hibiscus rojo, parece habernos olvidado. En su lugar proliferan las prímulas de piedra y el insípido marrón enarbola orgulloso su bandera. El clima nos ha desterrado a un invernadero cuya flor más duradera es la del desencanto. Debimos de pecar terriblemente para ser expulsados de nuevo del paraíso.